Historia de "trozo"

15/12/2017 15:01:41 PM

   En Junio de 2008, nada más comprar el torno y sin apenas herramientas, un amigo me consiguió un tronco de encina de unos 5 kilos cuyo destino era únicamente ser pasto de las llamas, ya que fue vendido como madera para leña.

  Pues bien, de este tronco, que a partir de ahora lo llamaré "trozo", me propuse un reto, sacar a "trozo" su mayor partido, es decir, el número máximo de piezas que se pudieran tornear y así servir, por lo menos, de adorno.

  En las siguientes fotos os muestro a "trozo" desde el momento en que me lo trajeron y las diferentes transformaciones que ha sufrido para conseguir de él piezas útiles y decorativas.



 Aquí os presento a "trozo" en su estado original y después de haber perdido su intimidad y su "ropa", mostrando sus "vergüenzas".

 Dividí a "trozo" en partes más pequeñas para poder meterlas en el torno.

 De la primera división obtuve un pequeño pero decorativo vaso, ya que le dejé la forma  oblicua que tenía.

 De la pieza más irregular saqué la base para realizar el mango del martillo del cascanueces.

 Con lo que sobró de la pieza donde torneé el vaso, hice la maza para el martillo del cascanueces.

 Con una de las piezas más grandes de "trozo" torneé uno de los cascanueces que hice.

 Con la otra parte grande de "trozo" torneé otro cascanueces que regalé a su propietario inicial.
Si juntamos el martillo y el cascanueces, queda esta bonita estampa, que a estas alturas sería un montón de ceniza.

 Es una pena que "trozo" no diera más de sí, ya que para el martillo del otro cascanueces, tuve que usar unos trozos de elondo que tenía guardados.

 Aunque... todavía me costaba mucho tirar los restos que quedaban de "trozo", vi que de uno de ellos, se podía sacar una pieza de madera de unos 3 x 3 x 10 cm. Con una porción como la de la foto, pensé que se podían tornear las dos partes necesarias para montar un mecanismo de escritura. Y a ello me puse. Obtuve el bolígrafo que veis en las fotos siguientes.

 Bueno, y hasta aquí la historia de "trozo", el fruto que ha dado, su manipulación y la viruta y los tacos que han sobrado, que, sinceramente ya soy incapaz de sacarles más "jugo", y ahora, sí creo que pueden servir para alimentar la chimenea.

 Creo que esta historia demuestra que nada es insignificante y que cualquier trozo de madera lleva intrínseco, al menos para mí, mucho valor. Espero que os haya gustado.